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Aborregados

Cuando uno se dispone a montar al caballo que va en cabeza, disfruta de la certeza de saber que ninguna otra persona verá la línea de meta antes. Pero cuando alargamos la carrera una y otra vez para evitar llegar a la meta, comenzamos a ser protagonistas de una película que, por larga, sólo puede prometer aburrimiento.

¿Qué habría sido de la humanidad si nadie hubiese tenido inquietud llegando a inventar los motores de propulsión? ¿Alguien se imagina a Fernando Alonso pilotando un pura sangre para sacar de la carrera a Mika Häkkinen? Pues eso.

Y eso ocurrre porque, en un sincero ejercicio de autocrítica, nos empeñamos en ocasiones en mantener en cabeza a algunos que más que caballos son pencos, y espero que nadie se sienta ofendido porque no es mi intención. De hecho, la palabra ‘penco’ se encuentra contemplada por la Real Academia de la Lengua Española.

Pero, y esta es la reflexión, no es culpa del penco no haberse dado cuenta de que ya no puede correr ni tiene estampa. Al menos no es sólo culpa suya. Como estudiamos el entorno de la nutria de río para saber qué circunstancias la han colocado al borde de la extinción -es un decir-, también debemos estudiar los entornos que rodean a las personas con que tratamos, o nos vemos obligados a tratar.

Y es que algunos pencos están rodeados de verdaderos corredores de apuestas que, hábilmente, saben sacar provecho de todo. Pero no están solo ellos, no, también hay garrapatas, piojos y parásitos varios que no saben vivir de manera alguna mas que a costa del otro. Y espíritus serviles que no serían nada sin un dios al que venerar. Los menos, personas honestas con ganas de trabajar por sus vecinos y dejar un buen legado a sus descendientes. Claro, “entre todos la mataron y ella sola se murió″.

Pues bien, la responsabilidad llega más lejos cuando todas estas figuras -producto de una imaginación activa y no adormecida-, se intentan trasladar a la realidad. La realidad es el momento actual, el lugar actual -que no es otro que Alcantarilla- y los personajes actuales, cuyos nombres no reproduzco por sincero aburrimiento.

Si todos, y digo todos, tuviéramos claro que tenemos parte de responsabilidad en lo que está ocurriendo, a lo mejor así podríamos comenzar a dibujar un camino que nos permitiera en el futuro enfrentarnos a una imagen de Alcantarilla más ilusionante y esperanzadora que la actual.

Porque para pararle los pies a alguien que no tiene educación, no basta con esperar a que lo haga otro con el único argumento de que el otro no tendrá los reparos propios en hacerlo. Para exigirle respeto a quien no conoce el significado de esta palabra, también es necesario tomar la iniciativa. Para que la brisa de la modernidad sople en las instancias del ayuntamiento, y las nuevas tecnologías entren en algunas mentes más allá de sus despachos, tiene uno que abrir la ventana sin esperar a que lo haga ningún otro. Y así se me ocurre toda una cadena de afirmaciones que desembocan en una sola: Si no te gusta lo que está pasando, haz algo, no esperes a que venga otro a hacerlo por tí.

Esta, y no otra, es la razón por la que no se ha producido una corriente crítica en el seno del PP local. Lo primero que debió ocurrir dentro del sano funcionamiento de un partido hace ya varios años, no ahora. Ese debate debió dar sus frutos con el tiempo, y no en un mes, permitiendo que nuevas ideas y personas tomaran el relevo a las ‘riendas’ del que hoy es un partido desbocado y totalmente controlado por unos pocos en detrimento de unos muchos.

Mientras, en el seno del ayuntamiento, igual se deberia haber negociado con más dureza por parte del personal evitando así resultar tan complacientes con el poder instaurado en ocasiones. El papel que los funcionarios pueden desempeñar de cara a la población es fundamental, puesto que son los únicos que pueden desenmascarar ciertas prácticas que por legales no dejan de ser condenables desde el punto de vista moral. Porque la moral también es importante a la hora de ensalzar o denostar a alguien, sobre todo si se dedica a la política.

Y qué decir de los medios de comunicación y los periodistas -entre los que me incluyo-, que empujados por su propia necesidad de sobrevivir en un entorno cada vez más competitivo se pliegan al poder establecido a cambio de un puñado de euros que nos pagan bajo la afirmación de “porque no sale de mi bolsillo”.

Por último, también quiero destacar la falta de sentido crítico de una sociedad que entiendo está demasiado ocupada en estos momentos en salir de la crisis como para pensar en otra cosa. Pero ¿Y durante los últimos 16 años? ¿En qué pensaban? Quiero creer que, por bien que un equipo funcione, nadie aceptaría que por ejemplo el Barcelona prolongara demasiado en el tiempo a su plantilla ¿verdad? ¿Se imaginan a Messi corriendo por el campo apoyado en un bastón?

Lo normal, lo sano, es proceder a ese cambio progresivamente, sin prisa pero sin pausa. Eso sí, que no se libre absolutamente nadie de cambiar. Por mucho que duelan los cambios, que duelen, y por mucho miedo que den, que lo dan. Porque la carrera política debe tener de una vez fecha de caducidad para todos. (¡Pero qué desgastada está esta frase en los medios y qué poco éxito ha tenido en la mentalidad de algunos que se alimentan de las siglas!)

Pues bien, “de aquellos polvos, estos lodos”. Ahora toca preguntarse a uno mismo ¿Qué vamos a hacer en el futuro?

Y si alguien se piensa que estoy equivocada, puede leer lo que dice esta profesional, Margarita Álvarez.

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Ni por tópico ni por desgaste pierde fuerza esta pregunta cuando se trata de describir el sentimiento de los militantes del Partido Popular de Alcantarilla, desde que supieron la semana pasada que la dirección regional consideraba la posibilidad de restablecer en su puesto de candidato a la alcaldía a Lázaro Mellado.
A la sensación de alivio que algunos vecinos habían manifestado señalando que “por fin vuelve la educación al ayuntamiento y se devuelve la decencia a Alcantarilla” le sucedió la incredulidad despertada por una maniobra política que parece más relacionada con la perversión del poder, que con un proceso democrático en la sede regional.
Y es que Mellado parece haberse recuperado de su aparente agonía de hace unas semanas para forzar la tensión en la carrera por la candidatura a la alcaldía. Tanto es así que ha logrado echar a la cuneta a quien se ha perfilado hasta hace poco como el candidato ideal para restablecer la paz local, Joaquín Buendía, quien avalado por su buena gestión como director general de formación profesional ya había comenzado a trabajar en los preparativos de las elecciones municipales, reuniéndose con todas las fracciones en que se encuentra dividido el PP local para proceder a su unificación con la colaboración de todos.
Es precisamente el presidente del comité electoral regional, Antonio Sánchez Carrillo, quien más fuertemente ha apostado por la continuidad de Mellado. Fue él personalmente quien le llamó para que entregara el pasado martes sus credenciales en la sede de Murcia y poder ratificarlo en la reunión mantenida ese mismo día junto a otros 17 candidatos locales. Algo que finalmente no ocurrió, no se sabe si por casualidad o porque imperó el sentido común.
“¡Menos mal!” deben pensar a estas alturas quienes están en contra del alcalde de Alcantarilla. Si, menos mal porque a través de su gestión ha logrado que el número de afiliados descienda drásticamente durante los últimos años, pasando de 600 a 200, y que esta cifra no cambie a través de la directriz única dada para admitir nuevas afiliaciones; sólo puede optar a un carnet del partido quien goce de la amistad personal del presidente local.
Porque Lázaro Mellado, que ostenta este cargo desde el año 2002, no ha dudado desde el primer día de su mandato en aplicar sus propias normas de funcionamiento. Tanto es así que mantiene en coma inducido la actividad del mismo, quién sabe si a causa de los celos que le produce Ramón Luis Valcárcel, especialmente después de obtener el segundo 504 votos más que el primero entre los vecinos de Alcantarilla hace 4 años (si hubiera igualado la cifra tendría un concejal más).
Más allá de la memoria popular y los archivos públicos y particulares, los datos se expresan por sí mismos. Mellado tan sólo ha convocado una asamblea general del partido en 10 años, nunca ha presentado un orden del día a las reuniones del comité ejecutivo –que utiliza para insultar y vejar a quienes manifiestan su desacuerdo, según denuncian los afectados-, ni ha presentado cuentas de su gestión.
Este estrangulamiento ha resultado especialmente lesivo con los jóvenes de Nuevas Generaciones. La cantera del PP en Alcantarilla no ha podido convocar un solo congreso durante la última década. De hecho, la presidenta de NN.GG. hace 5 años que superó el límite de edad para ostentar este cargo y no ha podido ceder el mando porque Mellado no ha autorizado nunca la realización de este proceso.
No es de extrañar, entonces, que sean precisamente los jóvenes quienes más dolidos están con el presidente local. A causa de su bloqueo se han visto obligados a desplazarse a Murcia cuando han querido participar en alguna iniciativa, incluso para colaborar en la organización de las elecciones, y ni siquiera así han contado con su apoyo.
El sentimiento de propiedad que Mellado tiene del PP en Alcantarilla se vio gráficamente materializado el pasado 14 de febrero, cuando ordenó cambiar las llaves de la sede para impedir el acceso a las instalaciones de quienes no estuvieran de su parte.
A pesar de todo parece que el reguero de humillaciones e insultos a los militantes, funcionarios y vecinos –entre los que me encuentro yo, personalmente- que Mellado deja a su paso y la aplicación elástica de las normas del partido, no son suficientes para desacreditar su gestión al frente de un ayuntamiento que cuenta con una deuda declarada de 40 millones de euros -superior a sus presupuestos anuales-, sin contar con las facturas que algunas empresas han dejado de emitir ‘por amistad’ para evitar que crezcan las cifras.
Menos mal que, si finalmente resulta ser el candidato, nos vamos a enterar de a cuánto ascienden estas deudas, sobre todo porque las tendremos que pagar entre todos.

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