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¿Qué he hecho yo para merecer esto?

 

Ni por tópico ni por desgaste pierde fuerza esta pregunta cuando se trata de describir el sentimiento de los militantes del Partido Popular de Alcantarilla, desde que supieron la semana pasada que la dirección regional consideraba la posibilidad de restablecer en su puesto de candidato a la alcaldía a Lázaro Mellado.A la sensación de alivio que algunos vecinos habían manifestado señalando que “por fin vuelve la educación al ayuntamiento y se devuelve la decencia a Alcantarilla” le sucedió la incredulidad despertada por una maniobra política que parece más relacionada con la perversión del poder, que con un proceso democrático en la sede regional.Y es que Mellado parece haberse recuperado de su aparente agonía de hace unas semanas para forzar la tensión en la carrera por la candidatura a la alcaldía. Tanto es así que ha logrado echar a la cuneta a quien se ha perfilado hasta hace poco como el candidato ideal para restablecer la paz local, Joaquín Buendía, quien avalado por su buena gestión como director general de formación profesional ya había comenzado a trabajar en los preparativos de las elecciones municipales, reuniéndose con todas las fracciones en que se encuentra dividido el PP local para proceder a su unificación con la colaboración de todos.Es precisamente el presidente del comité electoral regional, Antonio Sánchez Carrillo, quien más fuertemente ha apostado por la continuidad de Mellado. Fue él personalmente quien le llamó para que entregara el pasado martes sus credenciales en la sede de Murcia y poder ratificarlo en la reunión mantenida ese mismo día junto a otros 17 candidatos locales. Algo que finalmente no ocurrió, no se sabe si por casualidad o porque imperó el sentido común.“¡Menos mal!” deben pensar a estas alturas quienes están en contra del alcalde de Alcantarilla. Si, menos mal porque a través de su gestión ha logrado que el número de afiliados descienda drásticamente durante los últimos años, pasando de 600 a 200, y que esta cifra no cambie a través de la directriz única dada para admitir nuevas afiliaciones; sólo puede optar a un carnet del partido quien goce de la amistad personal del presidente local.Porque Lázaro Mellado, que ostenta este cargo desde el año 2002, no ha dudado desde el primer día de su mandato en aplicar sus propias normas de funcionamiento. Tanto es así que mantiene en coma inducido la actividad del mismo, quién sabe si a causa de los celos que le produce Ramón Luis Valcárcel, especialmente después de obtener el segundo 504 votos más que el primero entre los vecinos de Alcantarilla hace 4 años (si hubiera igualado la cifra tendría un concejal más).Más allá de la memoria popular y los archivos públicos y particulares, los datos se expresan por sí mismos. Mellado tan sólo ha convocado una asamblea general del partido en 10 años, nunca ha presentado un orden del día a las reuniones del comité ejecutivo –que utiliza para insultar y vejar a quienes manifiestan su desacuerdo, según denuncian los afectados-, ni ha presentado cuentas de su gestión.Este estrangulamiento ha resultado especialmente lesivo con los jóvenes de Nuevas Generaciones. La cantera del PP en Alcantarilla no ha podido convocar un solo congreso durante la última década. De hecho, la presidenta de NN.GG. hace 5 años que superó el límite de edad para ostentar este cargo y no ha podido ceder el mando porque Mellado no ha autorizado nunca la realización de este proceso.No es de extrañar, entonces, que sean precisamente los jóvenes quienes más dolidos están con el presidente local. A causa de su bloqueo se han visto obligados a desplazarse a Murcia cuando han querido participar en alguna iniciativa, incluso para colaborar en la organización de las elecciones, y ni siquiera así han contado con su apoyo.El sentimiento de propiedad que Mellado tiene del PP en Alcantarilla se vio gráficamente materializado el pasado 14 de febrero, cuando ordenó cambiar las llaves de la sede para impedir el acceso a las instalaciones de quienes no estuvieran de su parte.A pesar de todo parece que el reguero de humillaciones e insultos a los militantes, funcionarios y vecinos –entre los que me encuentro yo, personalmente- que Mellado deja a su paso y la aplicación elástica de las normas del partido, no son suficientes para desacreditar su gestión al frente de un ayuntamiento que cuenta con una deuda declarada de 40 millones de euros -superior a sus presupuestos anuales-, sin contar con las facturas que algunas empresas han dejado de emitir ‘por amistad’ para evitar que crezcan las cifras.Menos mal que, si finalmente resulta ser el candidato, nos vamos a enterar de a cuánto ascienden estas deudas, sobre todo porque las tendremos que pagar entre todos.

 
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