He tardado en escribir este post porque me gusta poco hablar de empresas y, siempre que es posible, prefiero hablar de personas. Esta aclaración resulta especialmente necesaria cuando se trata de Latbus (ahora Autobuses LAT) y de Fulgencio Jiménez, porque ha sido en todo momento mi nexo de unión con ella, sus trabajadores y equipo directivo a lo largo de los cuatro años que a través de mi consultoría prestaba los servicios de comunicación, redes sociales y colaboraba en la organización de acciones de Responsabilidad Social Corporativa.

Recibí una llamada de quien ya entonces consideraba amigo, Fulgencio, en de agosto de 2012. Se había iniciado una crisis en Twitter, #TarifazoLatbus, a raíz de la decisión adoptada por la empresa de suprimir unas ayudas públicas que no solo llevaba sin cobrar meses en el mejor de los casos, sino que se habían visto drásticamente recortadas durante los últimos años a causa de la crisis y también de algunas decisiones políticas que perjudicaron seriamente al servicio y por las que, según hemos podido comprobar con el tiempo, nadie ha debido responder ante los usuarios.

Trabajar para Latbus resultó especialmente intenso durante seis meses. A la solución de la crisis en Twitter y en los medios de comunicación, que logramos  amortiguar y frenar, le siguieron cambios en la concesión municipal, una huelga de trabajadores agobiados por una situación que no hacía sino empeorar y la irresponsabilidad política que se había instalado en los máximos dirigentes de ayuntamientos y comunidad autónoma como respuesta a una situación -la de la falta de recursos- con la que no estaban preparados para lidiar, y tampoco estaban interesados en habilitar respuestas, tal y como demostraron.

Debo confesar que durante meses estuve esperando una mala palabra por su parte, una mirada de desaprobación o un gesto maleducado. Mi pasado trabajando para una persona de escasa calidad humana y nula educación me había condicionado demasiado. Pero nunca ocurrió, ni en los seis primeros meses, ni en los tres años y medio que le siguieron. Y ello pese a que vivimos situaciones muy tensas, trabajamos prácticamente durante las 24 horas del día, los siete días de la semana, y a que cada uno de nosotros somos humanos y eso nos condiciona también en nuestras acciones.

Tuve la suerte de conocer a un Fulgencio Jiménez que demostró ser de ese tipo de personas que trasciende por su calidad humana, un gran corazón, exquisito en su trato, educado y cordial, destacaba de manera especial por ser extraordinariamente responsable y sensible a la situación de la empresa.  Él se sentaba a la mesa de la ya desaparecida Entidad Pública del Transporte y cuantas fueran necesarias para tratar de encontrar una solución al impago de varios ayuntamientos y el recorte del 50% de los servicios a los usuarios por parte de la Comunidad Autónoma, que aún persiste.

Sé que el paso del tiempo es voraz con la memoria colectiva, y que nos resulta mucho más fácil recordar lo que hemos desayunado hoy que aquello que ocurrió hace tres años, por trascendental para nuestras vidas que pueda resultar. Es justo recordar que fue Fulgencio Jiménez quien desbloqueó, por ejemplo, la deuda que el Ayuntamiento de Alcantarilla mantenía con la empresa sin necesidad de pasar por los juzgados, y que ni siquiera estaba reconocida por esa administración local hasta que él se puso manos a la obra.

Este es solo un pequeño detalle de todas las gestiones a las que asistí, que me permito destacar porque yo misma había publicado meses atrás una información en el diario La Verdad donde los administradores concursales de la empresa ya señalaban a las administraciones públicas como únicas responsables de la situación en que se encontraba esta.

08/01/15. Autobus decorado con dibujos de Jose Manuel Puebla (Foto Vicente Vicens)

Con Fulgencio Jiménez aprendí sobre Responsabilidad Social Corporativa cuando apenas tenía noticias sobre ella. Él me enseñó que, cuando existe voluntad, da igual cómo se llame a la acción, porque siempre se traduce en “compromiso social”. Y esa fue una lección muy importante que me llevó a investigar más sobre la RSC y conocer su evolución, hasta inscribirme en un Máster sobre el tema que estoy cursando en la UCAM porque considero que es un potencial para el ejercicio del periodismo y la comunicación corporativa.

A su lado aprendí aún más sobre valores y amistad, cuestiones que había olvidado tras nueve años relacionándome mayoritariamente con políticos, en un ambiente donde la humanidad se convierte en relaciones tóxicas e interesadas casi siempre.

En  Autobuses LAT, su director Andrés Brugarolas me comunicó el cese de relaciones el pasado 14 de junio de 2016, después de remitir una nota de prensa a todos los medios de comunicación para informarles en primer lugar, y de manera simultánea a los cambios que también las funciones a desarrollar por Fulgencio Jiménez sufrieron. Cada uno se define por sus hechos, y estos contrastaron fuertemente con cuatro años excepcionales donde aprendí intensamente sobre comunicación corporativa, servicios públicos y compromiso con la sociedad. Eso sí, trabajando intensamente.

Fulgencio Jiménez siempre defiende que el tono positivo es más adecuado para decir cualquier cosa que el negativo, dejábamos fuera los ‘noes’ y las palabras negativas o rotundas que pudieran dañar la sensibilidad de los usuarios, y esa fue nuestra firma.

He tardado en expresarle mi gratitud pese a que la relación con él sigue siendo muy cercana, porque debo admitir que durante meses me ha dominado la añoranza. Cuando te sientes muy bien trabajando con alguien que te escucha, te trata educadamente, favorece tu crecimiento profesional y te enseña cada día, cuesta pasar página.

Por suerte para mi, para toda mi familia, conservamos una extraordinaria relación con Fulgencio Jiménez, su mujer Vanessa Lucas y su familia. Tan extraordinaria que a día de hoy, más que amigos, les considero compañeros de vida. Y espero que se mantenga así por mucho tiempo, tanto como ellos quieran.

 

 

 

 

 

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