Llevaba tiempo detrás de aprender sobre Responsabilidad Social Corporativa. Tuve ocasión de asistir a una de las jornadas que sobre el tema organizó hace años la dirección general de trabajo de la Comunidad Autónoma de Murcia, y en ella escuché a una de las personas de referencia en este sector a nivel regional, la responsable de relaciones institucionales y personal de Hero Encarna Guirao, señalar que “uno de los retos de la Responsabilidad Social Corporativa es comunicarla”.

Encarna Guirao: “Uno de los retos de la Responsabilidad Social Corporativa es comunicarla”

Esa frase me indicó un nuevo camino o especialidad que añadir a mi actividad, una vez incorporadas las redes sociales como un canal más y decidí seguir las señales.

Tras superar algún que otro inconveniente, la primera edición del Máster sobre RSC y Diplomacia Corporativa organizado por la Univesidad Católica San Antonio, bajo la dirección de Víctor Meseguer, fue mi destino.

Aterricé en el aula casi desorientada, carente de referencias de no ser porque unos días antes la dircom del Colegio de Farmacéuticos de Murcia, María Fuensanta Martínez Lozano, me había anunciado que ella también se había matriculado.

Al principio no sabía muy bien qué hacía allí, al fin y al cabo un master sobre RSC es probablemente formación para responsables de recursos humanos y empresarios, pero no para periodistas obcecadas en que la comunicación juega un papel importante en este sector. Ese fue mi primer pensamiento.

“Un master sobre RSC es probablemente formación para responsables de recursos humanos y empresarios, pero no para periodistas obcecadas en que la comunicación juega un papel importante en este sector”  fue mi primer pensamiento

Aprender no es solo adquirir conocimientos nuevos, es también desarrollar experiencias y borrar prejuicios que nos impiden ver con claridad. Esa lección volví a tomarla en el aula del ITM de la UCAM San Antonio donde se desarrollaron la mayoría de las clases. Era imposible imaginar la densidad de conceptos y la intensidad de experiencias que Víctor Meseguer y su equipo nos habían preparado para aquellos meses.

Tuve la ocasión de percibir la pasión con que algunos responsables de personal habían desarrollado, casi en soledad, la Responsabilidad Social Corporativa en su empresa. En algunos casos, el orgullo del deber cumplido sobrepasaba esa pasión. En otros, la prudencia sobre las acciones de la empresa e incluso la sorpresa que a muchos les produjo conocer lo que las personas que la integran tienen que contar cuando se habilitan mecanismos para escucharles. Todos habían llegado a la conclusión de que la RSC ayuda a cambiar la vida de las personas, en muchas ocasiones, comenzando por los trabajadores de la empresa.

“Todos habían llegado a la conclusión de que la RSC ayuda a cambiar la vida de las personas”

Así pasaron por las clases los más destacados protagonistas de la RSC en la Región de Murcia. Y también por los ‘Gastrolab’ unos encuentros empresariales que nos permitieron comer con personalidades destacadas del sector empresarial de la región, a la vez que conocíamos sus experiencias en la materia.

Asistir a las clases fue muy duro, a veces hasta imposible puesto que mi profesión no tiene horario, ni día predeterminado. Mi familia, mi marido y mi hija, también invirtieron parte del tiempo que podíamos disfrutar juntos para que yo estudiara este master. Más allá del coste económico, el personal y familiar fue el más elevado. Pero, incluso si este coste hubiera sido diez veces mayor, hoy puedo afirmar que mereció la pena cada segundo dedicado.

 

Porque encontré a personas entregadas a su trabajo y preocupadas en perseguir un mundo mejor, personas que directamente trabajaban en un proyecto social o que habían convertido a sus compañeros de trabajo en ese proyecto. Sería injusto destacar a una sobre las demás, porque todas son igualmente valiosas y me enriquecieron.

Con unas aprendí más sobre educación y civismo, con otras sobre emotividad, con otras sobre el sentido práctico de la vida, algunas me enseñaron a dudar incluso de lo que ya había dudado en el pasado y todas, absolutamente todas las personas que participaron del master a lo largo de los ocho meses que duró, me aportaron una experiencia y conocimiento único y precioso que me acompañará siempre.

Así no es de extrañar que llegara al día de la entrega de becas totalmente emocionada, con los nervios a flor de piel y totalmente expuesta, de corazón, y dispuesta a dar las gracias por todo lo aprendido.

Pocas veces en mi vida un aprendizaje se ha convertido en una experiencia vital hasta el punto que este master, donde tras el trabajo y la dedicación de todo el equipo de Víctor Meseguer, me encontré con el valor y la determinación de un grupo de personas que, como yo, piensan que es posible un mundo mejor y que las opciones para alcanzarlo están al alcance de nuestra mano.

Gracias a todos los nombres propios que han integrado esta experiencia, como docentes o como compañeros, porque lo más valioso del master ha sido la calidad humana que ha concentrado entre las cuatro paredes del aula de la UCAM San Antonio.

 

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