Hace pocos días tuve la ocasión de asistir a la LXXVI Asamblea General de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, Fape, que tuvo lugar en Mérida.

La coincidencia de las fechas con las Fiestas de Primavera de Murcia me permitió el alivio suficiente en el trabajo como para, sacrificando tiempo de dedicación a mi familia, recorrer los más de 600 kilómetros que separan Murcia de Mérida. Eso sí, en muy buena compañía.

El viaje resultó estupendo, una experiencia con compañeros en la que lo humano se impuso a lo profesional, afortunadamente. Y digo esto porque lo más decepcionante de todo el fin de semana fue, en concreto, la propia asamblea de Fape.

Asistir como colegiados a este encuentro de profesionales tiene su mérito, puesto que solo las asociaciones de periodistas tienen derecho a voto, pese a que tanto colegios como asociaciones pagamos las mismas cuotas, las que pagan los profesionales. Por tanto, aceptar que solo tenemos derecho a asistir y a opinar, pero nunca a votar, ya es un indicativo de que la situación merece ser revisada.

Lamentablemente, no fue este el único punto decepcionante. La presentación de una propuesta de modificación al código deontológico que no contempla las circunstancias actuales de tantos profesionales como se desenvuelven -y pagan su hipoteca gracias a ello- en Internet, también resultó llamativo. Por suerte, y es justo admitirlo, el apoyo de la Asociación de la Prensa de Madrid permitió que se introdujese un condicionante que nos permitirá, junto a la Asociación de Periodistas de Ciudad Real*, sugerir la introducción de algunos cambios.

La apisonadora que ya vi en Cartagena el año pasado, constituida por las asociaciones de la prensa de Madrid, Valencia, Alicante y La Coruña, volvió a ponerse en marcha a la hora de votar propuestas en la citada asamblea. La primera y más importante, el informe de gestión de la presidenta de Fape, Elsa González, que fue rechazado por la mayoría de los votos de estos colectivos.

En este punto, la continuidad de la asamblea ya estaba en entredicho. Se hacía indispensable revalidar el apoyo del colectivo por parte de la junta directiva antes de continuar, pero no fue así. Pese a contar con el rechazo de la mayoría, la asamblea continuó para sacar adelante importantes propuestas como la que permitirá compatibilizar la formación y la profesión de periodista a tantos compañeros que en estos momentos están bloqueados por una normativa injusta.

Pero hubo un  momento en que resultó especialmente hiriente esa mayoría aplastante que ejercen aquellos que tienen mayor cuota de voto. La Asociación Profesional de Periodistas Valencianos, colectivo surgido como alternativa a la Unión de Periodistas de Valencia, había recorrido como nosotros cientos de kilómetros y un proceso de tres años para integrarse en Fape. Todo estaba preparado; la documentación, los trámites e incluso un informe de la Comisión de Garantías que todavía no tengo claro por qué se considero necesario a priori. El caso es que, en el último momento y desautorizando los propios estatutos Fape y a una comisión independiente como es la de garantías, se volvieron con las manos vacías por el veto de la Unión de Periodistas Valencianos y sus aliados frecuentes, léase la Asociación de la Prensa de Madrid y demás.

Fue muy triste contemplar cómo una barrera invisible, pero real, pudo impedir que lo que debía ser un mero trámite se realizara. Pero más triste aún resultaba ver cómo los representantes de las cuarenta asociaciones españolas presentes en la asamblea votaban una opción, para que finalmente resultara desestimada por una minoría de colectivos, que no de cuota de voto.

Así las cosas, quedó claro que para avanzar en la defensa de la profesión y reforzar la posición del periodista ante su entorno tenemos que hacernos mirar lo de Fape. Y esto significa debatir, analizar, estudiar y apostar por la opción más beneficiosa, aquella que permita proteger al periodista y afianzar su labor ante la sociedad.

Con todo, es justo destacar la labor del presidente de la Asociación de la Prensa de Mérida, Máximo Durán, que coordinó una extraordinaria organización que nos permitió disfrutar de una de las ciudades más bonitas de España.

 

*La presidenta de la Asociación de Periodistas de Ciudad Real, Mar Gómez Torrijos, señaló que introducir limitaciones específicas dirigidas a los profesionales que ejercen el periodismo en el ámbito institucional puede considerarse poner en duda la profesionalidad de aquellos.

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