Artículo publicado en la revista de Afade -Asociación de Enfermos de Alzheimer y otras demencias- con motivo de su 25 aniversario
Casi de repente, te das cuenta de que sus despistes son más frecuentes; se deja el horno encendido, sus cubiertos son cada vez menos en el cajón y cree ver escenas que le generan intensos episodios de ansiedad. Y compruebas que cerrajeros, carpinteros, electricistas y persianeros desfilan por su casa tratando de disimular las evidencias de que la nada se va abriendo camino en su mente.
Al principio te lo niegas y acabas encontrando una explicación que te permita pensar que todo sigue bien, que su vida es normal y que vive como quiere, en soledad pero capaz. Hasta que llega un momento en que ya no puedes.

Pasas a la acción. No siempre es fácil ni rápido en un mundo donde, pese a estar dotado de todos los mecanismos de respuesta y atención, a menudo se activan con lentitud.
El día en que los profesionales empiezan a intervenir en su situación cambia su vida, y también la tuya. Porque de ese diagnóstico, el de Alzheimer, llegas al tratamiento y a los servicios especializados. Y con ellos, vuelve a una calma que no sentía, a disfrutar de las personas y los momentos, a ratos. Con eso te basta.

Y te das cuenta de que ha vuelto a ocurrir. Otra vez la buena gente de tu entorno, de este entrañable lugar que es Alcantarilla, ha hecho su ‘magia’ y te ha ayudado en algo vital. De nuevo te vuelves a sentir en compañía de tus vecinos y vecinas.
Así que de corazón sigues vinculada con este pueblo, extraordinario porque cuenta con todos los servicios de una gran ciudad, pero vive a esa otra velocidad que hace que todo fluya de manera más sosegada, y también más cercana. Tanto que se puede sentir la calidez de un corazón con solo escuchar.
Eso es Afade, un gran corazón, cálido y cercano que llega como un rayo de luz a la vida de quienes sufrimos, después de la pérdida, el mayor dolor que se me ocurre; ser testigos del padecimiento de quienes más queremos, mientras se olvidan de quiénes son.
Hoy es justo felicitar y agradecer esos 25 años de entrega, de mejora y profesionalización que han permitido a Afade llegar a cientos de personas afectadas de Alzheimer y otras demencias, y a sus familiares. Apagando la angustia y encendiendo el amor.
Resulta imprescindible señalar a Julia Fernández como la persona que se ha encargado de mantener ese corazón latiendo con precisión hasta el día de hoy. Eso sí, en compañía de los socios de Afade y el personal del centro de día, a los que ella llama su familia, a los que nosotros también podremos llamar así cuando sea necesario.